Cataclismos reconstructivos

20:50 Tony 0 Comments


Guardamos los 'te quiero', los 'te amo'
y nuestras caricias favoritas en una
cajita de crayones, por si algún día
necesitamos pintar nuestro mundo
de colores. Y aun así, hay ciertos
tipos de oscuridad en los que nos
ahogamos voluntariamente para
alterar nuestras emociones.

Acostumbramos buscar recortes,
fotografías, canciones, poemas
y cualquier cosa que nos rompa
un poquito más. Porque los
recuerdos nostálgicos con
un poco de música o una buena
letra siempre son más destructivos.

Y es que estar rotos no es tan malo,
lo malo es pretender no estar roto,
lo malo es no querer buscar nuestros
pedazos para reconstruirnos otra
vez. Y es que así aprendemos a
apreciar el valor de los instantes
y el valor de los desastres.

No somos iguales ni perfectos,
pero todos somos frágiles; unos
más que otros, pero al final todos
somos frágiles. No se contagia a
quien ya está enfermo. Y no se
cura a quien no quiere curarse.
Es por eso que cuando alguien
quiere romperse un poco más,
siempre encuentra una forma
para hacerlo.

Y no hay mejor forma de romperse
que bombardearse con recuerdos.
Sin previo aviso, comenzamos con
nuestra autodestrucción. Arriesgamos
nuestras vidas en una misión suicida.

De pronto, los recuerdos se
convierten en lluvia. Después
se evaporan. Y por último, se
condensan en una nube. Y el
ciclo se repite hasta que una
tormenta se desata.

Pero las tormentas no duran
para siempre y no son tan malas
como parecen. El viento puede
hacer que los barcos de nuestras
vidas naveguen más rápido y la
lluvia puede regar las semillas
de nuestro corazón que aún no
han germinado. Y es así como
nos volvemos más fuertes.

Y cuando finalmente nos
hallamos tendidos en nuestras
camas con heridas de gravedad,
pero con signos vitales, cerramos
los ojos y dormimos. Nos levantamos
a la mañana siguiente y volvemos
a ser nosotros. Recordamos lo que
merecemos y que los besos no se
regalan.

Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.

Y así aprendemos que merecemos
a alguien que nos bese bajo la lluvia,
que se preocupe por si llegamos bien
a nuestra casa, que le interese escuchar
cómo fue nuestro día, que nos alimente
cuando tengamos hambre, que nos
consienta cuando estamos enfermos,
que se preocupe por nosotros y que
seamos su prioridad. Recordamos
que merecemos lo mejor, y que ya no
debemos conformarnos con menos.

Tony E. A.

0 comentarios: