Cataclismos reconstructivos
Guardamos los 'te quiero', los 'te amo'
y nuestras caricias favoritas en una
cajita de crayones, por si algún día
necesitamos pintar nuestro mundo
de colores. Y aun así, hay ciertos
tipos de oscuridad en los que nos
ahogamos voluntariamente para
alterar nuestras emociones.
Acostumbramos buscar recortes,
fotografías, canciones, poemas
y cualquier cosa que nos rompa
un poquito más. Porque los
recuerdos nostálgicos con
un poco de música o una buena
letra siempre son más destructivos.
Y es que estar rotos no es tan malo,
lo malo es pretender no estar roto,
lo malo es no querer buscar nuestros
pedazos para reconstruirnos otra
vez. Y es que así aprendemos a
apreciar el valor de los instantes
y el valor de los desastres.
No somos iguales ni perfectos,
pero todos somos frágiles; unos
más que otros, pero al final todos
somos frágiles. No se contagia a
quien ya está enfermo. Y no se
cura a quien no quiere curarse.
Es por eso que cuando alguien
quiere romperse un poco más,
siempre encuentra una forma
para hacerlo.
Y no hay mejor forma de romperse
que bombardearse con recuerdos.
Sin previo aviso, comenzamos con
nuestra autodestrucción. Arriesgamos
nuestras vidas en una misión suicida.
convierten en lluvia. Después
se evaporan. Y por último, se
condensan en una nube. Y el
ciclo se repite hasta que una
tormenta se desata.
Pero las tormentas no duran
para siempre y no son tan malas
como parecen. El viento puede
hacer que los barcos de nuestras
vidas naveguen más rápido y la
lluvia puede regar las semillas
de nuestro corazón que aún no
han germinado. Y es así como
nos volvemos más fuertes.
Y cuando finalmente nos
hallamos tendidos en nuestras
camas con heridas de gravedad,
pero con signos vitales, cerramos
los ojos y dormimos. Nos levantamos
a la mañana siguiente y volvemos
a ser nosotros. Recordamos lo que
merecemos y que los besos no se
regalan.
Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.
Los besos no se regalan.
Y así aprendemos que merecemos
a alguien que nos bese bajo la lluvia,
que se preocupe por si llegamos bien
a nuestra casa, que le interese escuchar
cómo fue nuestro día, que nos alimente
cuando tengamos hambre, que nos
consienta cuando estamos enfermos,
que se preocupe por nosotros y que
seamos su prioridad. Recordamos
que merecemos lo mejor, y que ya no
debemos conformarnos con menos.
Tony E. A.


0 comentarios: